El cambio climático: amenaza para los ecosistemas


Los cambios en el medio ambiente físico y en los seres vivos tienen efectos nocivos importantes en la composición, recuperación y productividad de los ecosistemas naturales, así como en el funcionamiento de los sistemas socioeconómicos y en la salud y el bienestar humano en general. Así, se considera que el cambio climático es una amenaza para los ecosistemas mundiales, ya que implica una modificación del clima, atribuida directa o indirectamente a las actividades humanas, que altera la composición de la atmósfera global y los procesos que en ella se dan naturalmente.116

El cambio climático está relacionado con la emisión de "gases de efecto invernadero", que son componentes de la atmósfera que absorben y devuelven radiaciones infrarrojas, mortales para los seres vivos. El dióxido de carbono (CO2) es uno de los principales entre estos gases. La habitabilidad del planeta depende de que los niveles de estos gases (especialmente CO2) no disminuyan ni aumenten en demasía. Sin la presencia de estos gases, los cuales permiten que el calor quede atrapado cerca de la superficie de la Tierra, la temperatura media bajaría a -6° C, mientras que con demasiado CO2, por ejemplo, el agua de los océanos entraría en ebullición. Con los niveles actuales de estos gases, la superficie terrestre permanece a una temperatura media adecuada de 15° C.117

Entre los efectos del cambio climático se prevén, y ya se están viviendo, tormentas más intensas, inundaciones, reducción de hielos marinos, aumento global del nivel del mar y sequías. La temperatura global ha aumentado en 0,6° C desde fines del siglo XIX, la década de 1990 fue la más cálida que se haya registrado. Sequías e inundaciones extremas inusuales están causando estragos en todos los continentes. En los últimos 20 años, en el Ártico se ha perdido una superficie de hielo equivalente al estado de Texas (Estados Unidos), en tanto que el espesor de la capa de hielo que cubre el Océano Ártico se redujo de 3,1 m a 1,8 m desde fines de la década de 1950.
Durante los últimos 150 años, y especialmente a partir de la segunda guerra mundial, las concentraciones de CO2 en la atmósfera han ido aumentando exponencialmente; antes de los comienzos de la revolución industrial había alrededor de 580.000 millones de toneladas en la atmósfera, hoy día esa cifra llega a 750.000 millones, la más alta de los últimos 200.000 años, y año tras año aumenta 6.000 millones.117

El 90% de este incremento en las emisiones de CO2 y los otros "gases invernadero" proviene de los países industrializados; América Central es responsable del 2% de estas emisiones.118

Y el futuro no se ve promisorio. El exceso de CO2 que existe actualmente en la atmósfera seguirá teniendo efectos durante uno o dos siglos, a la vez que su concentración seguirá aumentando. Para limitar esos efectos, es necesario disminuir considerablemente y a corto plazo las emisiones de estos gases, en particular el CO2.116 Un incremento de apenas 200.000 millones de toneladas determinaría un aumento de 2° a 3° C en la temperatura global, lo cual significaría una ola de calor sin precedentes en la historia de la humanidad.117
Entre las especies más susceptibles al cambio climático están las poblaciones que habitan en la periferia de su área de distribución, especies cuya distribución es muy limitada, especies que tengan un alto grado de especialización, las que presenten baja dispersión, las de montañas, las árticas y las costeras.116 Costa Rica, así como el resto del mundo, ya está sintiendo los efectos de estos cambios.

Gracias al Convenio Internacional de Cambio Climático, firmado en Río de Janeiro en 1992 y que Costa Rica ratificó, existen presiones internacionales para que la reducción gradual sea una realidad en los próximos dos años. Sin embargo, más que responder a un convenio, lo que se requiere es decisión política. La reducción de emisiones implica medidas económicas y búsqueda de nuevas formas de producción, en las cuales no todos los países tienen interés o están en capacidad de aplicarlas a corto plazo, lo cual está complicando las negociaciones a la luz del convenio.

La búsqueda de mecanismos novedosos para avanzar en este sentido es algo en lo que Costa Rica y otros países en desarrollo vienen trabajando, con experiencias como el Pago de Servicios Ambientales (un tema que se desarrolla más adelante) y la gestión de conservación bajo el enfoque ecosistémico, una nueva tendencia internacional en discusión a la luz del Convenio sobre la Diversidad Biológica, entre otros, que Costa Rica trata de integrar con más fuerza a su gestión de la biodiversidad.

El enfoque ecosistémico representa una visión integradora del manejo de los recursos naturales que considera todo el abanico posible de bienes y servicios, e intenta optimizar la mezcla de beneficios para un ecosistema determinado y entre los varios ecosistemas. Este enfoque también reconoce que los ecosistemas funcionan como entidades completas y requieren ser manejadas como tales y no por partes; incluye a las personas (dejando espacio apropiado para las modificaciones humanas) y mantiene el potencial productivo de esas entidades. El manejo de las mismas será acertado en la medida en que se preserve o aumente la capacidad de un ecosistema para producir los beneficios deseados a largo plazo.119