Los ecosistemas agrícolas


Los ecosistemas agrícolas o agroecosistemas (monocultivos, sistemas agroforestales, policultivos), además de su finalidad económica, representan una forma de conservación de material genético. En Costa Rica, poco más de 450.000 ha están dedicadas a cultivos agrícolas. El promedio en los últimos 10 años ha sido de aproximadamente 442.000 ha. Para 1999, los principales cultivos en extensión de área de producción eran aún los tradicionales (café, banano y caña de azúcar) (45% del total de hectáreas que se dedican a cultivos agrícolas); el 27% corresponde a granos básicos, sin embargo, estos se mantienen en un promedio de 120.000 ha desde 1993. En cuanto a cultivos no tradicionales, desde 1990 destacan por su aumento progresivo en el área de producción las frutas, las hortalizas y las raíces y tubérculos.113

Aunque se ha avanzado en el uso e investigación de mayor variedad de especies de interés agrícola para la alimentación, Costa Rica, como el resto del mundo, basa su seguridad alimentaria en unas cuantas especies, especialmente maíz y arroz (y es de notar que la extensión nacional dedicada a la siembra de maíz disminuyó cerca de tres veces con respecto a 1990),113 que se originaron de alguna forma en variedades silvestres provenientes del bosque. Esta dependencia parece poco racional, ya que todavía existen ecosistemas con una base genética conservada que potencialmente podría solucionar los problemas de hambre en el mundo. Costa Rica es un país muy rico en especies de plantas superiores, pero esta diversidad no se refleja en un alto número de especies domesticadas, ya que sólo dos (una de ellas dudosa) se conocen como originarias del país: cabuya (Furcraea cabuya) y tacaco (Sechium tacaco). Esto podría explicarse por la abundancia en la época prehispánica de recursos naturales para la recolección, caza y pesca, actividades que no ejercían una presión tendiente a la domesticación. También es posible que con el poblamiento debido a inmigraciones y comercio desde América del Sur y otros países de Mesoamérica, los indígenas trajeran a este país los cultivos desde sus lugares de origen.

A modo de ejemplo, en Costa Rica encontramos aún cultivares primitivos o poblaciones silvestres de maíz (aunque están desapareciendo rápidamente), chile, pimienta, vainilla, algodón, cabuya, anona, guanábana, pejivalle (especie introducida en la época prehispánica, con una diversidad notable), nance, papaya, matasano, caimito, guaba, níspero (traído de México en la época prehispánica), aguacate, zapote, cas, guayaba, jocote, frijol (con gran número de variedades locales que están desapareciendo, excepto en reservas indígenas y en comunidades campesinas tradicionales, desplazadas por variedades importadas o seleccionadas), coco, chayote, tacaco (especie nativa que se ha domesticado sólo en Costa Rica), ñame, zarzaparrilla e ipecacuana (también llamada raicilla), estas dos últimas son plantas medicinales que se exportan y cuyas poblaciones silvestres se explotan continuamente (ver lista de nombres científicos en anexo 3).

El suministro de semillas para su uso en siembras comerciales es autosuficiente en el caso de cultivos como arroz, frijol, papa, café y caña de azúcar, mientras que en otros (maíz, forrajes) existe una importación parcial. En cuanto a especies hortícolas (tomate, cebolla, zanahoria y repollo, entre otras), el país depende totalmente de la importación de semillas.
La producción de semillas (por ej. arroz y papa) recae principalmente en la empresa privada, aunque en algunos casos (frijol y café, entre otros) se da una participación mixta, donde esta actividad la realizan agricultores privados y las etapas de beneficiado y comercialización están en manos de entidades del sector público.

En general, las labores de mejoramiento genético y producción de semillas básicas han sido función del sector estatal (Ministerio de Agricultura y Ganadería y universidades públicas), no obstante, existe una tendencia a la participación privada en estas actividades.
Los agroecosistemas que más impactos negativos han recibido son los asociados a la producción para el mercado internacional, debido a la contaminación de suelos y aguas asociada a la producción de banano, palma africana y piña, y a los problemas de disposición de desechos de las industrias de la piña y cafetalera y su impacto en los ríos de la región central del país. Gracias a recientes esfuerzos de las industrias de la piña y el café, la contaminación de los ríos por los desechos de estos productos es cada vez menor. Asimismo, se está desarrollando la agricultura orgánica, tanto por parte de ONG como del estado (a través del MAG), mediante un programa cuyo objetivo es promover el desarrollo de la producción orgánica como actividad rentable y medio para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los costarricenses, tanto productores como consumidores, a través del fomento de la producción y comercialización de productos libres de agroquímicos, desarrollados en armonía con el medio ambiente y los recursos naturales.114 Se considera que la región de Mesoamérica (América Central y parte de México) es un centro de origen de plantas cultivadas para fines alimenticios que se utilizan en todo el mundo. En México, la agricultura inició su auge en los años 7.000 a.C. y para la época de la conquista ya se habían domesticado plantas de gran importancia, como maíz, frijol común, calabaza (Cucurbita pepo), camote (Ipomoea batatas), chile (Capsicum), cacao (Theobroma), tomate, maní (Arachis hypogaea) y vainilla, entre otras.115