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Comunidades campesinas


Altamira
El PILA, tiene una gran riqueza natural que lo convierte en un parque con una alta importancia ecológica. Esa riqueza natural del parque y de sus alrededores atrajo a muchas personas que emigraron a las tierras cercanas del PILA, especialmente al sector pacífico, para comenzar una nueva vida. Por ejemplo, las zonas de Altamira, Colorado y Biolley son el resultado de los asentamientos antiguos que, poco a poco, fueron creciendo.

En los diferentes pueblos aun permanecen muchas de las familias que, movidas por el deseo de alcanzar una vida mejor, emigraron a esas tierras cercanas al PILA. La mayoría de ellas eran familias de campesinos que venían en busca de tierras fértiles para trabajarlas, salir adelante y mejorar su calidad de vida. Como mencionan estas personas: "trabajo nunca faltó aquí".

El acceso a estas zonas, hace unos 30 años, era muy difícil. No existían caminos y el único medio de locomoción era el caballo. "Había que cabalgar todo un día para llegar a Potrero Grande", dice don Roberto Jiménez, vecino de Biolley.

Los ríos no tenían puentes y, muchas veces, era peligroso cruzarlos. Por su fuerte cauce, el río Coto Brus había que pasarlo en balsa. Al ser una zona mal comunicada y alejada, no tenía pulperías. Las familias tenían que cultivar sus alimentos: arroz, frijoles, maíz, ñampí, papas, y alimentar a sus animales domésticos. Algunas tenían gallinas, cerdos o vacas. A veces también cazaban animales silvestres, como venados, tepezcuintles, zaínos y pavones. Un vecino de Biolley recordó que "...solo comprábamos manteca , sal y jabón...".

Las mujeres trabajaban en la casa, cuidaban a sus hijos y cocinaban con leña, lavaban la ropa a mano en los ríos y molían café y maíz; mientras los hombres trabajaban en el campo, cultivando, arreglando cafetales, limpiando caña, limpiando potreros, entre otras tareas. El campo era una actividad exclusiva de hombres, salvo en las épocas de las cogidas de café, donde las mujeres también participaban.

Las casas eran de tablas y piso de tierra. Cuando llovía, muchas veces entraba el agua. Por la noche, la única iluminación eran las candelas. Algunas casas estaban techadas con láminas de zinc. Las hojas de banano o de palma servían de colchón y las cortinas se hacían con telas de saco. Muchas familias debieron de construir, con el esfuerzo y trabajo de todos sus integrantes, sus propias casas.

Durante el día domingo se solía trabajar como cualquier otro día. Algunos lo dedicaban para ir a cazar y proveer a la familia de carne para la semana. "...Los domingos de ese entonces usualmente eran para ir a montear a buscar la carne de la semana, pues no había mucho que caminar..." . Hoy, la gente aprovecha para reunirse, para pasear, jugar al fútbol e ir a misa.

Unos 30 años más tarde, algunos agricultores y ganaderos se han iniciado en la agricultura y ganadería orgánica. Las mujeres, aunque siguen dedicándose al trabajo del hogar, han tenido la oportunidad de asistir a capacitaciones y algunas de ellas trabajan en oficinas, gracias a los talleres que han recibido en computación. En casa pueden cocinar con electricidad y lavar la ropa en lavadora. Aunque tienen televisión para entretenimiento, en estas comunidades siguen disfrutando del aire libre y conocen la importancia de proteger el ambiente.

Avanzando en este proceso, las comunidades del pacífico se han organizado configurando la red Quercus para gestionar y ejecutar actividades que mejoren la calidad de vida de las comunidades del PILA del pacífico.

Los más pequeños de algunas escuelas, tienen la oportunidad de conectarse mediante Internet para explorar un mundo que les abre las puertas.

Los habitantes de las zonas cercanas al PILA, esperan que estas comunidades se sigan desarrollando y logrando las comodidades de la vida moderna, con mucha vinculación con el ambiente. Ven el turismo como una fuente importante de trabajo y saben que es necesario proteger la riqueza natural del parque, capacitar a los jóvenes y "... no perder las buenas costumbres..."

Datos socioeconómico




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